
Autor: Pierre Bayard
Editorial: Anagrama
Páginas: 195
No se sale de la ironía decir que no me he leído este libro, que paso a documentar con ayuda de un artículo en el periódico ABC:
Manual indispensable para triunfar en la nueva sociedad de la (in)cultura: «¿Cómo hablar de los libros que no se ha leído?» (Éditions de Minuit), de Pierre Bayard, que ya perpetró un libro indispensable para ganar premios literarios: «¿Cómo mejorar las obras fallidas?», dando consejos prácticos para mejorar con éxito los libros fallidos de Víctor Hugo o Cervantes. Pierre Bayard, psiquiatra y profesor de literatura, es un especialista en títulos y obras paradójicas. «¿Hamlet?»: «Un diálogo de sordos». «¿Las Amistades peligrosas?»: «Una historia de embusteros». «¿Maupassant?»: «Lo dijo casi todo antes de Freud». Para su nuevo ensayo ha recurrido a una cita de Wilde: «Jamás leo los libros que debo criticar; para no sufrir su influencia».
Bayard reconoce que él tampoco ha leído «mucho» a Proust. Nadie es perfecto. «¿Cómo hablar de los libros que no se ha leído?» es la ilustración práctica de una tesis defendida hace muchos otros años, en otro plano, por Maurice Blanchot: «Se habla de los libros antes de que estén escritos. Se comentan antes de estar publicados. Y se tiran a la basura una vez publicados». Blanchot hacía una crítica radical de las modernas industrias de la (in)cultura. Bayard prefiere la parodia irónica, la crítica, desmenuzando, con cierta benevolencia, los mecanismos que permiten circular en sociedad, con éxito, y escribir en los periódicos con un barniz de (in)cultura, para triunfar en los mejores salones neoilustrados, recurriendo a fórmulas hechas, convenciones aceptadas, mentiras piadosas, ignorancias comunes, y un desprecio insondable por las cosas de la cultura.
De Montaigne toma sus dudas metafísicas sobre la «pérdida de tiempo» de la lectura. De Valery recuerda su «aversión» a la lectura. «Paradojas» aparentes: Valery se levantaba a las cuatro de la madrugada para escribir y anotar sus «Cuadernos». La obra de Montaigne sólo es comprensible como un diálogo con la palabra escrita. Bayard prefiere abandonar a su triste suerte al atónito e ignorante lector: ¿Para qué leer, si es posible triunfar en sociedad utilizando sin pudor los maquillajes a la moda, que las industrias de la (in)cultura venden a 15 euros las 198 páginas en las más selectas editoriales de moda?
«Cómo hablar de los libros que no se han leído». El título, polémico y provocativo, le va como anillo al dedo a Pierre Bayard, pensador y ensayista francés que lo mismo dedica un libro a demostrar por qué Shakespeare se equivocó al culpar a Claudio de la muerte del padre de Hamlet que se estrena en los catálogos de Anagrama y Empùries con un ensayo en el que la no-lectura se alía con el humor para componer una aguda reflexión sobre los significados de la lectura. «La lectura es un espacio de libertad, no una obligación, como dicen en el colegio. Un libro no es un objeto sagrado en el que hay que creer, sino algo con lo que decidimos convivir», apunta Bayard.
La ironía, algo tan necesario para el autor francés como inusual en las ciencias humanas, ha hecho que en muchos países se haya recibido «Cómo hablar de los libros que no se han leído» como una apología de la no-lectura, algo que el propio Bayard desmiente categóricamente. «No quiero que la gente no lea -asegura-. Creo que hay que leer más, pero con libertad y creatividad y sin padecimiento».
Profesor de literatura y autor de una trilogía policiaca en la que analiza conocidas obras de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle y Shakespeare para demostrar que los grandes autores también han errado en la elección del asesino, Bayard asume con naturalidad sus lagunas y reconoce que ya no le preocupa hablar de un libro que no ha leído. «Cuando era joven sí que me preocupaba más, pero ahora no sufro por decir que no he leído el «Ulises» de Joyce», apunta.
Aun así, no es «Cómo hablar de los libros que no se han leído» un manual para solventar rápidamente conversaciones intelectualmente comprometidas, sino un paso más en su apuesta por la libertad de la lectura y una travesía por «ese espacio intermedio» que separa los libros leídos de los no leídos que él mismo visita frecuentemente. «Padezco una especie de alzhéimer precoz y cuando leo un libro al cabo de dos o tres días ya lo he olvidado. Pero no soy el único. Ahora mismo sería incapaz de decir si he leído a Kant. He leído artículos, resúmenes y libros sobre Kant, pero ya no sé si he leído realmente a Kant o no. Muchos intelectuales viven en ese espacio intermedio», explica.



